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El presidente de SanitatSolsUna, Carlos Rodrigo, analiza en un artículo que publica Redacción Médica, la situación del sistema sanitario actual, necesitado de reformas hace años y al borde del colapso como consecuencia de la pandemia por el COVID. https://www.redaccionmedica.com/opinion/un-sistema-sanitario-con-pies-de-barro-1412

La pandemia que estamos padeciendo desde hace meses, además de producir una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes, está poniendo de manifiesto algo que muchas voces autorizadas llevan tiempo advirtiendo: las deficiencias y las carencias del que siempre se ha considerado uno de los mejores sistemas sanitarios de mundo.

Esta crisis sanitaria esta demostrando que estamos ante un gigante con pies de barro,  un sistema que a duras penas se mantiene gracias al tesón, el esfuerzo y sacrificio de muchos de sus profesionales, víctimas al igual que los pacientes de la mala organización y gestión de la Sanidad.

Para cumplir con los estándares de calidad y excelencia en su tarea, las organizaciones deben estar dirigidas y gestionadas con criterios de eficiencia, es decir con decisiones basadas en la evidencia, con datos técnicos por parte de expertos en la materia.

El sistema sanitario público, que desde nuestro punto de vista, debe seguir siendo público, también debería ser organizado, dirigido y gestionado de manera eficiente, puesto que, además de ocuparse de la salud y el bienestar de la población, lo hace con los recursos que los ciudadanos ponemos en manos de la administración. Cuando el sistema se gestiona con criterios ideológicos, de carácter partidista, de forma arbitrara cuando no sectaria, cuando no importa el uso adecuado de esos recursos, nos encontramos con situaciones como las que ahora estamos viviendo, agravadas por la pandemia . Y hago un pequeño resumen:

  • Una Atención Primaria, cogida con alfileres desde hace años, desbordada, ahogada entre montañas de burocracia de poco valor, desmoralizada, con los profesionales al limite y además totalmente incomprendida por parte de la población.
  • Una atención hospitalaria bastante agotada y que se ve incapaz de aguantar una segunda ola de esta pandemia, con unas listas de espera y unas demoras intolerables. En la Comunidad Valenciana, los datos hechos públicos la semana pasada semana vuelven a revelar el desastre en la organización, de la que solo se salvan los hospitales públicos de gestión privada, como el del Vinalopó y Torrevieja. Por cierto, el revertido Hospital de La Ribera ha triplicado su lista de espera desde que lo gestiona la Conselleria directamente.
  • La precariedad en el empleo, con miles de profesionales en situación de interinidad, muchos de ellos hasta la jubilación, con contratos a veces de días o de horas, con remuneraciones ridículas y unas condiciones de trabajo pésimas que han conducido a una fuga de profesionales como nunca antes había ocurrido, con cerca de 30.000 médicos que abandonan España en busca de mejores condiciones de trabajo.

Es urgente volver a plantear el debate que ya introdujo el Informe Abril hace más de tres décadas. Si queremos que el sistema sanitario sobreviva, necesita cambios y reformas  de calado.

Puede y debe seguir siendo público, pero su gestión debe hacerse con criterios de eficiencia, dirigido por profesionales expertos, independientemente de su adscripción ideológica, y elegidos por su capacidad técnica. Hay que fijar objetivos y deben evaluarse resultados. El sistema debe proteger y cuidar a sus profesionales con recursos suficientes, con condiciones de trabajo adecuadas y una remuneración acorde a su responsabilidad. La situación actual no distingue a los que se esfuerzan y mantienen el modelo de los que no cumplen adecuadamente con su tarea.

Copiemos de lo que hacen otros países de nuestro entorno con mejor situación y mejores resultados. Tanto que admiramos a los países nórdicos, allí, como en Francia, Suiza, Austria, Países Bajos y otros, el sistema sanitario es público pero la gestión es privada, el profesional o grupo de profesionales, subvencionados por el Estado, proporcionan el servicio en los términos acordados con el financiador, pero  asumen el riesgo, de ahí que se esfuercen en que su trabajo sea excelente.

En España tenemos algunos ejemplos, que lejos de ser aprovechados, están siendo objeto de una absurda campaña de desprestigio permanente, curiosamente,  por parte de quien los financia. Las concesiones administrativas sanitarias han demostrado cómo con un presupuesto público menor se pueden obtener mejores resultados asistenciales, con menos demora en consultas y pruebas, y con unas listas de espera quirúrgicas infinitamente más bajas, como acaban de corroborar los últimos datos de la propia Conselleria de Sanidad Valenciana, con estabilidad en el empleo y mayor satisfacción entre usuarios y los buenos profesionales. Y a pesar de comprobar, con datos propios, que el Hospital de la Ribera funciona cada vez peor desde que fue revertido a la gestión directa, los dirigentes valencianos han enfilado ahora al Hospital de Torrevieja, el hospital que mejor funciona según la Sindicatura de Cuentas, con las listas de espera más bajas según Sanidad y con el mayor grado de satisfacción entre pacientes y profesionales.

Algo tiene que cambiar o el cambio que ha supuesto esta pandemia acabará por finiquitar el sistema que, aunque herido, tanto nos ha costado construir.

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